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Ansiedad

La ansiedad y el miedo son respuestas del organismo ante lo que es percibido como una amenaza. Mientras el miedo se presenta ante un estímulo concreto, la ansiedad es activada por una amenaza más difusa, menos clara. Ambas activan la respuesta de lucha o huida, nos preparan para la acción y en ciertos momentos resultan necesarias. El problema viene cuando la ansiedad o miedo son desproporcionados, limitantes o suceden ante estímulos que objetivamente no representan un peligro y nos encontramos con una ansiedad desadaptativa que hace sufrir o limita la vida de la persona. Entonces hablamos de un trastorno de ansiedad.

La Ansiedad en sí suele experimentarse como un estado emocional displacentero, que se produce ante determinadas situaciones, o su anticipación mediante la imaginación, a las que atribuimos un cierto grado de amenaza, reto o desafío para nuestro equilibrio psicológico, expectativas de éxito o autoestima, en función de la valoración que hacemos tanto de nuestras capacidades como de la situación que hemos de afrontar. En condiciones óptimas constituye un factor de impulso en nuestra motivación que mejora nuestro rendimiento y la adaptación al entorno laboral, social o académico.

Por el contrario, cuando la ansiedad sobrepasa determinados umbrales, se convierte en un problema de salud, perjudicando nuestro bienestar incluso a nivel orgánico, e interfiriendo en nuestras actividades sociales, laborales o educativas. Los episodios en los que la ansiedad representa un problema pueden volverse repetitivos ante las mismas situaciones, o constituirse en un problema recurrente en nuestra vida que nos impida desarrollarnos en plenitud, ante lo cual puede ser conveniente acudir al psicólogo para resolver estas limitaciones.

La mayoría de las personas que sufren de ansiedad reconocen que su miedo es “irracional”, pero no pueden evitar sentir de ese modo. Esto sucede porque el miedo y la ansiedad son emociones, y no están producidos por su mente consciente o racional, sino por su subconsciente. A nivel consciente los síntomas de ansiedad o el miedo nos pueden parecer sumamente desagradables, y por tanto a ese nivel los rechazamos. Otra cosa muy distinta ocurre a nivel inconsciente, ya que la función prioritaria de esta parte es garantizar nuestra supervivencia. Para entender las causas de la ansiedad tenemos que comprender que aunque la respuesta de ansiedad se produzca ante un estímulo que no es objetivamente peligroso, el cerebro de la persona que sufre ansiedad sí lo percibe como amenazante, por lo que se defiende activando ese mecanismo ancestral de lucha o huida que hoy llamamos ansiedad.

Aproximadamente entre un 15% y un 20% de la población padece o va a padecer algún problema relacionado con la Ansiedad que necesite tratamiento, pues su mejora espontánea es muy improbable. La mayoría de las personas con problemas de Ansiedad que no acuden a tratamiento tienden a padecer con el tiempo síntomas mayores y más intensos, extendiéndose a más situaciones y cronificándose. La simple voluntad de la persona para vencer estos síntomas suele ser la mayor parte de las veces insuficiente, necesitando acudir al tratamiento cuando los síntomas de Ansiedad llevan ya tiempo instaurados.

Pánico/ Agorafobia (Crisis de Angustia)

La ansiedad en sí misma es una emoción normal que todos podemos sentir en algún momento. El problema se produce cuando esta ansiedad es demasiado intensa, demasiado frecuente o perdura demasiado en el tiempo y llega a interferirnos en el desarrollo normal de nuestra vida o incluso a limitárnosla gravemente. Entonces es cuando dejamos de hablar de una emoción normal para empezar a hablar de un trastorno de ansiedad. El ataque de pánico es experimentado como una aparición brusca o súbita de miedo intenso que se acompaña de síntomas tales como palpitaciones, sudoración, temblores, escalofríos o sofocos, sensación de ahogo o asfixia, opresión en el pecho, náuseas, miedo a perder el control o volverse loco, miedo a morir, mareo, sensación de adormecimiento u hormigueo, pérdida del sentido de la realidad o la sensación de no conocerse o ser otra personas. Los ataques de pánico suelen comenzar en situaciones de alta tensión emocional relacionada con niveles altos de ansiedad o de estrés duradero. Es por esto por lo que el ataque de pánico suele darse como experiencia asociada a otros trastornos de ansiedad como la agorafobia, a episodios puntuales en los que la persona sufrió un fuerte malestar emocional, o incluso aparecer de manera aislada y desprevenida después de que la persona ha estado sometida a un fuerte estrés mantenido en el tiempo. Cuando los ataques de pánico pasan a ser inesperados y recurrentes, y al menos durante un mes la persona manifiesta quejas y/o preocupaciones sobre nuevos ataques y sus consecuencias, asociadas a cambios en su comportamiento, es cuando se habla del Trastorno de Pánico. Las personas con Trastorno de Pánico suelen desarrollar ansiedad anticipatoria ante la posibilidad de experimentar nuevos ataques de pánico, lo que es descrito como “miedo al miedo”. Esta ansiedad anticipatoria puede llegar a asociarse a situaciones en las que la persona percibe o imagina que sería difícil salir o recibir ayuda en caso de padecer un nuevo ataque de pánico, por lo que poco a poco se tiende a evitar estos lugares (guardar colas en establecimientos, transportes públicos, lugares cerrados con gente como cines, iglesias, supermercados, y aglomeraciones de público… ) generándose así un nuevo trastorno llamado Agorafobia, el cual se define precisamente como miedo a los lugares públicos. En un porcentaje elevado de casos con crisis de pánico se desarrolla sintomatología agorafóbica, que se trata de miedo intenso a encontrarse en situaciones en las que, en el caso de presentar una crisis de angustia pude resultar difícil (o embarazoso) escapar de la situación o recibir ayuda. Las personas con agorafobia temen un conjunto característico de situaciones entre las que se incluyen estar solo fuera de casa, mezclarse con la gente o ir a lugares concurridos, pasar por un puente, viajar en tren, metro o autobús, o ir al cine, o evitar reuniones sociales por miedo a quedar en ridículo en el caso de tener una crisis de angustia. Es muy típico que los pacientes agorafóbicos oculten a los demás sus temores y adapten su vida a lo que la agorafobia les permite hacer. En muchas ocasiones ponen excusas a los demás para evitar las situaciones que les angustian, lo que puede llegar a limitar la vida y la autonomía para salir fuera de casa hasta el extremo.

Fobias específicas

Las fobias específicas se manifiestan cuando la persona experimenta un miedo irracional o exagerado ante la presencia o anticipación de objetos y situaciones específicas, tales como animales, lugares cerrados, oscuridad, alturas, vuelos, sangre, inyecciones, intervenciones médicas como ir al dentista, tragar alimentos sólidos, conducir un coche, etc. Aunque los adultos con fobias son conscientes de que tales temores son irracionales, con frecuencia encuentran que el enfrentar, o incluso el pensar en tener que enfrentar el objeto o la situación que produce el temor, trae consigo una ansiedad intensa e incluso en ocasiones un ataque de pánico. Mucha gente no busca tratamiento para las fobias específicas y adaptan su vida a ellas porque piensan que durante el tratamiento pasarán mucha ansiedad. Sin embargo los tratamientos de hoy en día permiten superar las fobias en muy pocas sesiones y con unos niveles de ansiedad bajos. Cuando la evitación, la anticipación ansiosa o el malestar por encontrarse ante los objetos o las situaciones temidas, interfieren de forma marcada en la rutina habitual de la vida de la persona, en sus actividades laborales, académicas o sociales, provocando malestar intenso, es cuando se hace necesaria la intervención del profesional para enseñar y guiar al paciente en las técnicas necesarias para tratar su fobia.

Fobia social

La fobia social aparece como un miedo causado por situaciones sociales en las que la persona queda expuesta a la observación y evaluación de desconocidos. La respuesta que experimenta la persona es casi siempre de alta ansiedad, que en algunas ocasiones puede desencadenar ataques de pánico. Este miedo puede tornarse tan intenso, que interfiere con su trabajo, estudios, y demás actividades comunes, y puede dificultar el hacer nuevas amistades o mantenerlas. Suele comenzar en la adolescencia con el miedo a ser examinado, criticado o ridiculizado por el grupo de amigos o de compañeros. Los síntomas físicos que acompañan con frecuencia a la fobia social incluyen enrojecimiento, transpiración intensa, temblor, náuseas, y dificultad para hablar. Cuando estos síntomas ocurren, las personas con fobia social sienten que todas las personas los están mirando. Los pensamientos de las personas con fobia social cuando se encuentran con otras personas suelen ser: «No tengo nada interesante que decir»,»No les caeré bien. Pensarán que soy aburrido». «Ahora mismo soy el único que se siente apurado», «Si alguien supiera como me siento pensaría que soy un pringado», «Todo el mundo se da cuenta de lo nervioso que estoy. Estoy haciendo el ridículo», «Los demás son superiores a mí», «soy el único que no sabe que decir». La fobia social puede darse circunscrita a situaciones concretas como comer o hablar en público, relacionarse con el sexo opuesto, etc.; o también de forma generalizada que implique todas las situaciones sociales que se dan fuera de un contexto familiar. Dentro de la fobias sociales pueden darse diferentes características generales, habiendo personas que lo que más temen es ser el centro de atención, ya sea cuando son observados mientras trabajan, o por hablar en público; otras personas lo que más temen es la interacción social más informal, conversar con desconocidos o acudir a fiestas, conocer a otras personas; y un tercer grupo manifiesta dificultades a la hora de expresar desacuerdo o desagrado de manera asertiva. La persona con fobia social suele tener una baja autoestima. Normalmente, se autoexige demasiado y es muy susceptible a las opiniones de los demás. Suele ser su mayor juez y la baja autoestima está detrás del origen de esta timidez patológica A pesar de que la fobia social en sus formas más graves puede llegar a ser altamente limitante, es un trastorno que puede ser tratado con éxito.

Trastorno Obsesivo-Compulsivo

El trastorno obsesivo compulsivo (TOC) es un trastorno de ansiedad que se caracteriza por la aparición de ideas, pensamientos, imágenes o impulsos recurrentes e intrusivos (obsesiones). Las obsesiones son ideas, pensamientos, impulsos o imágenes que vienen a la mente de forma involuntaria, la persona no se los puede quitar de la cabeza, y que provocan elevados niveles de ansiedad. Las obsesiones más frecuentes giran en torno a temas como la contaminación (miedo a contraer una enfermedad al dar la mano a otra persona, o al tocar una manecilla de una puerta), dudas repetitivas (miedo a dejar las puertas o el gas abierto o miedo a haber atropellado a alguien mientras conducía si darse cuenta), el miedo a realizar impulsos agresivos (por ejemplo herir a un niño o gritar obscenidades en una iglesia), obsesiones de contenido sexual (por ejemplo miedo a ser homosexual o la presencia de una imagen mental pornográfica recurrente), entre muchas otras. La persona intenta rechazar estos pensamientos obsesivos, ya sea mentalmente, suprimiéndolos o ignorándolos, o mediante la realización de conductas compulsivas o rituales repetitivos (compulsiones). Por ejemplo las personas que tienen miedo a contagiarse de una enfermedad realizaran compulsiones de lavado de manos repetidamente. Las personas que tienen miedo de no haber cerrado la puerta de casa con llave se levantarán varias veces de la cama para comprobarlo. La persona con un Trastorno obsesivo es consciente de su ansiedad y los problemas que le acarrean sus obsesiones y compulsiones, no sabiendo qué hacer para evitarlas. En muchos casos estas personas tienden a sobrestimar la importancia de los pensamientos y las imágenes que les asaltan, creyendo que el sólo hecho de “tenerlas en la cabeza” convierte su “amenaza” o su “inmoralidad” en algo real, lo cual refuerza su estado de ansiedad y el mismo mecanismo obsesivo que las convierte en insidiosas y persistentes. La característica común de todos los TOC son los elevados niveles de ansiedad que padece la persona, generalmente en solitario, porque la persona con TOC suele esconder su problema a los demás. El TOC produce una merma en la calidad de vida de la persona, que está en constante lucha consigo misma, y suele interferir en su vida personal y en las relaciones con los demás. Lo cierto es que el TOC puede tener diferentes niveles de gravedad, pero en su versión más extrema puede llegar a ser gravemente incapacitante. Por ello es muy importante intervenir sobre él cuanto antes.

Estrés Postraumático (traumas)

El Trastorno por Estrés Postraumático es una reacción psicológica muy intensa como consecuencia de haber experimentado, o haber sido testigos directos, de algún un acontecimiento altamente traumático en el que se ha puesto en riesgo la propia vida o la integridad física o se han presenciado muertes de otras personas, sumándose a esta experiencia además una intensa respuesta de miedo, horror o indefensión como reacción emocional. Estas personas han sido normalmente víctimas de catástrofes naturales; accidentes de tráfico, incendios, choques de trenes; o agresiones causadas por otras personas, como es el caso de guerras, atentados terroristas, violaciones, secuestros, torturas o asesinatos de seres queridos, siendo en estas circunstancias cuando el trastorno suele darse de manera más grave. En la sintomatología de las personas aquejadas de este trastorno aparecen los recuerdos involuntarios de la situación traumática, pesadillas, sensación de que el acontecimiento traumático está ocurriendo de nuevo, malestar psicológico intenso cuando la persona se expone a estímulos que recuerdan la situación traumática, , evitación persistente de todo lo relacionado con el acontecimiento traumático (situaciones, estímulos, pensamientos, sentimientos), distanciamiento respecto de las demás personas, restricción importante de las emociones, sentimientos de culpabilidad, desinterés por las actividades que antes les atraían, sensación de no tener futuro, dificultad para conciliar o mantener el sueño, irritabilidad, dificultad para concentrarse, hipervigilancia, sobresaltos o reacciones de alarma exageradas. En el caso de presentar un Trastorno de Estrés Postraumático tras vivir un acontecimiento traumático es muy importante iniciar un tratamiento cuanto antes para evitar que el problema se consolide. Los Trastornos de Estrés Postraumático no tratados pueden desembocar en otros trastornos psicológicos como abuso de alcohol u otras sustancias, depresión, trastornos de ansiedad y en los casos más graves ideas de suicidio.

Estrés

El Estrés es una respuesta adaptativa, y por tanto natural de nuestro organismo, que se da ante situaciones o contextos que la persona valora como potencialmente amenazantes, en función de cómo percibe ésta sus propios recursos para afrontarlos. El Estrés, por tanto, puede resultar en principio beneficioso como factor de movilización de nuestros recursos fisiológicos y psicológicos para hacer frente a situaciones nuevas o de cambio, poniendo en marcha un proceso de activación de todos nuestros recursos y habilidades de afrontamiento. Sin embargo, cuando estos recursos resultan ineficaces, y el equilibrio y el ajuste que buscamos no se producen, o los resultados y la adaptación no se dan, es entonces cuando aparecen las consecuencias negativas del estrés. El problema de la persona estresada es que percibe muchas demandas a las que ha de enfrentarse y por tanto activa su organismo con mucha frecuencia, forzándolo en exceso y por lo tanto produciendo síntomas físicos y psicológicos. Entre los síntomas más típicos encontramos los dolores de cabeza y espalda, malas digestiones, taquicardias, dificultades de concentración y olvidos frecuentes, mareos, insomnio, nerviosismo y preocupaciones, irritabilidad, ansiedad. El estrés puede generar multitud se síntomas y alteraciones en nuestro organismo y a largo plazo el desgaste producido por la activación repetida de nuestro cuerpo puede generar enfermedades graves. Afortunadamente, la psicología dispone de técnicas para combatir eficazmente el estrés. Si detectas que el estrés te sobrepasa, no esperes a que origine otros problemas y acude a nuestro centro para que te ayudemos.

Ansiedad Generalizada

Las personas con este trastorno suelen manifestar preocupación y ansiedad excesiva de carácter persistente junto a dificultad para relajarse, lo cual hace que la ansiedad y las preocupaciones –el darle continuamente vueltas a las cosas— se vuelvan difíciles de controlar y de resolver, abarcando áreas o actividades de la vida cotidiana relacionadas con el trabajo, los estudios, la salud, la familia o los amigos, etc. Las personas con TAG parecen incapaces de liberarse de sus preocupaciones, a pesar de ser conscientes de que su ansiedad es más intensa de lo normal. Estos pacientes nos relatan que siempre están preocupados por algo y que cuando una preocupación se soluciona aparece una nueva. Junto a las preocupaciones se dan también síntomas como inquietud, fatiga, se asustan con facilidad, tienen dificultades para concentrarse, irritabilidad, problemas para conciliar y mantener el sueño. Los síntomas físicos que con frecuencia acompañan la ansiedad incluyen temblores, sacudidas, dolores, entumecimientos musculares, manos frías y húmedas, sequedad de boca, sudoración, nauseas, diarreas, dificultades para tragar. Esta dificultad para relajarse unida al agobio continuo por las preocupaciones suelen conllevar con el tiempo síntomas depresivos e incluso la posibilidad de ataques de pánico. En los casos más graves la sintomatología de ansiedad puede llegar a ser incapacitante.

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